La Gacela
Viste
mi brillante mirada
de
eterna y fiel enamorada,
y
no dudaste en disparar
para
mi mirada apagar.
Observaste
mi vientre terso
cercano
al alumbramiento,
y
apuntaste a mi corazón
ya
parado de terror.
Abatiste mi belleza elegante
manchando
mi lujoso pelaje,
dejando
sin adorno la llanura
y
sin nacer a mi criatura.
Ahora,
yo ramoneo entre las estrellas
y
mi recental con la luna juega,
mientras
tú arrastras tus cuernos
por
las alcobas de los infiernos.
Enrique Núñez